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Noche de Tormenta

Noche de Tormenta
By Michele Lemieux, L. Rodriguez Lopez, Michèle Lemieux

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  • Amazon Sales Rank: #1503722 in Books
  • Published on: 2000-01-01
  • Original language: Spanish
  • Number of items: 1
  • Binding: Hardcover
  • 240 pages

Editorial Reviews

From Publishers Weekly
Gr 4-6-Pen-and-ink artwork, ranging from simple line drawings to more complex landscapes, vie with an intriguing text which, although it is kept to a minimum, packs a philosophical punch. The first five pages feature illustrations unadorned by words. A girl is shown brushing her teeth, kissing her parents good night, and getting into bed, all within the context of a dark and stormy night. She informs readers immediately that she cannot fall asleep due to the thousands of questions that crowd into her head. The next 80 to 90 pages feature a plethora of existential inquiries such as "Where does infinity end? Is there life on other planets? Where did we come from?" The vocabulary is simple, but the nature of the questions raised makes this book more suitable for older readers. Death, identity, God, the nature of evil, extraterrestrials, and fantasy versus reality are all pondered by the girl as the storm rages outside her window. Although no answers are attempted, the book finishes on a positive note, as the protagonist ends her musings by going back downstairs for a snack. Reassuring normalcy is established, as always, in the kitchen. A sophisticated and thought-provoking selection.

Copyright 2001 Cahners Business Information, Inc.


Customer Reviews

¿Quién es más filosófico que un niño antes de dormir?5
Cuando nos vamos a dormir nos quitamos lentamente la ropa, los zapatos, a veces las hebillas, los aretes o las gafas, y nos despojamos también de las ocupaciones que han llenado nuestro tiempo diurno, los asuntos que resolver, las cosas por hacer, todas las obligaciones y dedicaciones que hiladas forman el tejido de los días. Y cuando por fin estamos en la cama, podemos cerrar los ojos, apartarnos de todo y sumergirnos muy adentro de nosotros mismos. Este es, pues, el momento propicio para quedarnos en silencio y observar atentamente la nuez pelada de nuestra propia vida, como si entonces pudiéramos contemplarla desde la distancia, sobre un acantilado, percibiendo en el paso del tiempo cotidiano la forma definitiva de nuestro tiempo vital.
Este es precisamente el ritmo del libro Noche de tormenta. Al abrir la primera página el lector inicia un viaje de signo interno: recorriendo las imágenes atraviesa el campo, se aproxima a la casa -tal vez buscando cobijo pues el viento fuerte y el cielo aciago anuncian la noche y la lluvia-, de un salto se introduce por una ventana y allí está, lavándose los dientes, dando un beso de buenas noches a la familia, abriendo la cama para disponerse a dormir. Justo en ese momento el viaje nocturno empieza. "¿Dónde está el infinito? ¿De dónde venimos? ¿Quién soy yo? ¿No hay más copias de mí en el mundo?..."
Rodeados de silencio las preguntas fundamentales pueden al fin abrirse camino a través del ruido de nuestras ocupaciones cotidianas y salir a la superficie bajo los párpados cerrados. "¡No puedo dormir! Miles de preguntas se agolpan en mi cabeza."
De la mano del personaje, nosotros lectores vivimos la experiencia del insomnio, permitimos apenas que el silencio de la noche (y el silencio de la página) sean perturbados por un movimiento, un ruido, una pregunta que pone en marcha, a partir de sí misma, la apertura del tiempo y el espacio que parecen infinitos. En el libro no hay respuestas, sólo nuevas preguntas que apuntan a la búsqueda de la identidad, la aceptación de uno mismo y de los demás, el temor hacia el futuro (que siempre es incierto), el desamor, el mal, la soledad y el desamparo, la posibilidad del abandono, los límites de la realidad, el sufrimiento, la guerra, la vulnerabilidad, la incertidumbre y la muerte. En fin, todas las preguntas fundamentales que rodean la existencia de una persona y a las que escasamente se puede dar respuesta en el tiempo que tarda una única vida en pasar.
En este libro, Michèle Lemieux se sirve de una bella estrategia narrativa que combina el silencio con lo apenas susurrado, lo ligeramente audible. Esta estrategia abarca imágenes y textos por igual. Páginas en blanco donde la palabra se aguarda aunque no se vea, donde las cosas no dichas deben ser intuidas, completadas por nosotros mismos y por nuestras respuestas dadas a preguntas hechas en noches o días de tormenta similares. Por su parte, las imágenes están también a un paso del susurro, el dibujo perturba apenas el silencio de la página y está hecho de líneas definidas que arrancan al blanco los secretos más precisos. Como una suerte de pescador, Lemieux deposita en la página la línea fina de su caña de pescar y, gracias al certero anzuelo que anuda a su extremo, logra sacar a la superficie lo que siempre parece estar oculto justo apenas detrás del silencio.
El dibujo depurado, el gesto exacto se insinúan apenas en el espacio y aún así lo habitan. Las imágenes están cuidadosamente trabajadas: a pesar de que la ejecución aluda a un trazo rápido, en cada una de ellas se percibe el tiempo necesario durante el que fueron gestadas, mentalmente construidas. Cada una por su cuenta explora posibles maneras de representar el movimiento interior de alguien que se pregunta cosas sobre su vida, cada una es un texto que necesita ser leído y reflexionado, cada una pide un minuto de silencio para meditar desde ella, y hacia nosotros mismos, la dimensión que en cada uno abarca la pregunta.
Una obra maestra, sin duda, que se comporta de manera similar a como lo haría una pieza de música: al leerla el lector se acerca con sigilo y escucha, escucha las palabras y las escenas que se suceden unas a otras y que atraviesan la noche hasta la orilla de un amanecer que comienza. Un libro que es adecuado -y necesario- para todos los lectores, en todos los momentos de una vida.

¿Quién es más filosófico que un niño antes de dormir?5
Cuando nos vamos a dormir nos quitamos lentamente la ropa, los zapatos, a veces las hebillas, los aretes o las gafas, y nos despojamos también de las ocupaciones que han llenado nuestro tiempo diurno, los asuntos que resolver, las cosas por hacer, todas las obligaciones y dedicaciones que hiladas forman el tejido de los días. Y cuando por fin estamos en la cama, podemos cerrar los ojos, apartarnos de todo y sumergirnos muy adentro de nosotros mismos. Este es, pues, el momento propicio para quedarnos en silencio y observar atentamente la nuez pelada de nuestra propia vida, como si entonces pudiéramos contemplarla desde la distancia, sobre un acantilado, percibiendo en el paso del tiempo cotidiano la forma definitiva de nuestro tiempo vital.
Este es precisamente el ritmo del libro Noche de tormenta. Al abrir la primera página el lector inicia un viaje de signo interno: recorriendo las imágenes atraviesa el campo, se aproxima a la casa -tal vez buscando cobijo pues el viento fuerte y el cielo aciago anuncian la noche y la lluvia-, de un salto se introduce por una ventana y allí está, lavándose los dientes, dando un beso de buenas noches a la familia, abriendo la cama para disponerse a dormir. Justo en ese momento el viaje nocturno empieza. "¿Dónde está el infinito? ¿De dónde venimos? ¿Quién soy yo? ¿No hay más copias de mí en el mundo?..."
Rodeados de silencio las preguntas fundamentales pueden al fin abrirse camino a través del ruido de nuestras ocupaciones cotidianas y salir a la superficie bajo los párpados cerrados. "¡No puedo dormir! Miles de preguntas se agolpan en mi cabeza."
De la mano del personaje, nosotros lectores vivimos la experiencia del insomnio, permitimos apenas que el silencio de la noche (y el silencio de la página) sean perturbados por un movimiento, un ruido, una pregunta que pone en marcha, a partir de sí misma, la apertura del tiempo y el espacio que parecen infinitos. En el libro no hay respuestas, sólo nuevas preguntas que apuntan a la búsqueda de la identidad, la aceptación de uno mismo y de los demás, el temor hacia el futuro (que siempre es incierto), el desamor, el mal, la soledad y el desamparo, la posibilidad del abandono, los límites de la realidad, el sufrimiento, la guerra, la vulnerabilidad, la incertidumbre y la muerte. En fin, todas las preguntas fundamentales que rodean la existencia de una persona y a las que escasamente se puede dar respuesta en el tiempo que tarda una única vida en pasar.
En este libro, Michèle Lemieux se sirve de una bella estrategia narrativa que combina el silencio con lo apenas susurrado, lo ligeramente audible. Esta estrategia abarca imágenes y textos por igual. Páginas en blanco donde la palabra se aguarda aunque no se vea, donde las cosas no dichas deben ser intuidas, completadas por nosotros mismos y por nuestras respuestas dadas a preguntas hechas en noches o días de tormenta similares. Por su parte, las imágenes están también a un paso del susurro, el dibujo perturba apenas el silencio de la página y está hecho de líneas definidas que arrancan al blanco los secretos más precisos. Como una suerte de pescador, Lemieux deposita en la página la línea fina de su caña de pescar y, gracias al certero anzuelo que anuda a su extremo, logra sacar a la superficie lo que siempre parece estar oculto justo apenas detrás del silencio.
El dibujo depurado, el gesto exacto se insinúan apenas en el espacio y aún así lo habitan. Las imágenes están cuidadosamente trabajadas: a pesar de que la ejecución aluda a un trazo rápido, en cada una de ellas se percibe el tiempo necesario durante el que fueron gestadas, mentalmente construidas. Cada una por su cuenta explora posibles maneras de representar el movimiento interior de alguien que se pregunta cosas sobre su vida, cada una es un texto que necesita ser leído y reflexionado, cada una pide un minuto de silencio para meditar desde ella, y hacia nosotros mismos, la dimensión que en cada uno abarca la pregunta.
Una obra maestra, sin duda, que se comporta de manera similar a como lo haría una pieza de música: al leerla el lector se acerca con sigilo y escucha, escucha las palabras y las escenas que se suceden unas a otras y que atraviesan la noche hasta la orilla de un amanecer que comienza. Un libro que es adecuado -y necesario- para todos los lectores, en todos los momentos de una vida.